domingo, 2 de octubre de 2011

2. OCT

En la garganta. Desgarra.
Me mira fijamente a los ojos. Son amarillos. Chispeantes. Crueles y agónicos.
Sus uñas se clavan, de nuevo, en mi garganta.
A cada lágrima que resbala por mi cara, su sonrisa se agranda, y se agranda. Pronto le dará la vuelta a la cara.
La sangre también resbala y cada vez me siento más cansada y más y más irritada. (cuando digo irritada no hablo solo del dolor físico)
Ella grita. Siempre le fallo. Siempre. Soy débil. Y sufro. Lo siento.
Le miro de nuevo. Siguen siendo amarillos. Y sigue sonriendo porque las lágrimas ya dejan un charco de sufrimiento.

-Soy…débil… y muero.

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