domingo, 2 de octubre de 2011

2. OCT

En la garganta. Desgarra.
Me mira fijamente a los ojos. Son amarillos. Chispeantes. Crueles y agónicos.
Sus uñas se clavan, de nuevo, en mi garganta.
A cada lágrima que resbala por mi cara, su sonrisa se agranda, y se agranda. Pronto le dará la vuelta a la cara.
La sangre también resbala y cada vez me siento más cansada y más y más irritada. (cuando digo irritada no hablo solo del dolor físico)
Ella grita. Siempre le fallo. Siempre. Soy débil. Y sufro. Lo siento.
Le miro de nuevo. Siguen siendo amarillos. Y sigue sonriendo porque las lágrimas ya dejan un charco de sufrimiento.

-Soy…débil… y muero.

viernes, 8 de abril de 2011

devastación

A veces crees ver un halo de luz en la oscuridad de tu existencia. No es que previamente la creyeras oscura (tal vez gris), pero cuando la luz entra te ciega y comprendes el contraste.

Esta vez ha sido más similar a una explosión que a un tenue rayo de luz que cae suavemente del cielo. No lo ves venir, ni siquiera lo oyes caer. Solo explota y tus oídos se taponan y tu mente se vacía de pensamientos, sientes el todo y la nada. Pero lo peor está por venir.

Al abrir los ojos a tu alrededor solo está el humo, el hedor y el silencio. La vida ha muerto y solo queda la devastación. Devastación...me gusta la palabra. Se recrea en si misma al fluir fuera de tu boca. Puedes murmurarla mientras caminas por los escombros buscando los restos de tu alma hecha pedazos.

Tal vez lo único positivo de exhalar el último aliento de vida es que con ella se va el dolor. En ese momento puedes tumbarte en el suelo y solo dejar de sentir. Que me lleve el agotamiento. Que me atrape el sueño.

martes, 15 de febrero de 2011

al otro lado del alambre de espino

Al igual que otras tantas veces me sentía frágil. Si alguien me hubiera golpeado con la suficiente fuerza me habría despedazado con la misma facilidad que un susurro explota en el aire. Por suerte aún tenía todo aquel alambre de espino a mi alrededor. Un muro impenetrable al igual que evidente, pero ¿acaso importaba? Yo no fingía que no me protegiera del mundo, mi muro era visible al cien por cien. Pero alejaba a los intrusos con toda la efectividad que yo pretendía. Sonreí con malicia y algo de desgarro. Reír por no llorar era la definición perfecta de mi gesto.

-¿Seguirás fingiendo que no quieres que se acerquen a ti?-susurró a mi espalda. La sonrisa se desvaneció y apareció en mi rostro el rubor de saber que pueden desnudarte con la mirada. Que pueden ver a través de ti.

-Si merecen la pena sabrán cómo esquivar el alambre.-murmuré entre dientes. Había un toque de escepticismo en mi ciega confianza. Mi tono entrañaba la paradoja de una afirmación que se sabe incierta.

-¿Al igual que hice yo?-se aventuró a preguntar travieso sentándose a mi espalda. Sonreí con sinceridad esta vez, enterrando el rostro bajo mi pelo para que nadie más la viera.

-Tú ya no existes.-respondí con un deje amargo. La sensación era similar a la de un trago de alcohol. Quema en la garganta pero nubla tus sentidos. Merece la pena nublar la conciencia aunque tan solo sea durante unos segundos.

-Enamorada de un recuerdo...-murmuró como un padre indignado.-Es posible que ni siquiera sea real. Solo producto de tu imaginación.

Me giré y guiñé un ojo mientras me llevaba el dedo a los labios.

-Pero ese será nuestro secreto, ¿verdad? Mientras no seas tangible no podrás golpearme contra el suelo...

jueves, 10 de febrero de 2011

seduccion

La puerta sonó a su espalda, pero ni siquiera descruzó sus piernas. No giró la cabeza, no dejó de deslizar sus dedos alrededor de sus labios. Aún así era innegable que cada músculo de su cuerpo vibraba con cada paso que escuchaba, acercándose cada vez más a su posición. Dicen que un buen ataque es la mejor defensa, pero ella prefería fingir que no se sentía amenazada, que podía esperar pacientemente mientras él se acercaba por su espalda. Ilusa.

Deslizó las yemas de sus dedos por el cuello desnudo de ella y dibujó un semicírculo hasta el borde de su clavícula.

-Siempre he creído que algunas partes del cuerpo están subestimadas.-comentó de manera casual, como si aquel contacto no hubiera quemado ambos cuerpos. Acto seguido se inclinó y besó con suavidad sobre el hombro de la chica.-Sin duda es lo más erótico que han rozado mis labios.

-Elogías con tanta ligereza...-respondió ella con una sonrisa medio resuelta. Una de las comisuras se elevaba escéptica y triunfal. La otra temblaba como una llama a punto de extinguirse.-Tal vez pienses que tendrá algún tipo de efecto.

-Supongo que similar al que ha tenido tu extremidad desnuda en mí.-contestó él mientras se sentaba frente a ella relajado, disfrutando de la tensión que aumentaba con cada inspiración.-Cada uno juega con lo que tiene. ¿O acaso quieres que piense que el jersey resbala por tu hombro de manera casual?

De tener unos cuantos años menos y tal vez el corazón menos endurecido, el rubor habría alcanzado sus mejillas al instante dejando entrever la persona que temblaba escondida bajo el jersey rojo. Por suerte para algunos, la experiencia suele jugar a favor del ego y supo controlarse. Río divertida y le dedicó una mirada penetrante.

Había algo en mirarse que les incitaba a arrancarse la ropa a mordiscos y besarse descontroladamente sobre la primera superficie plana que encontrasen. Pero en lugar de hacerlo, tan solo aspiraban con más fuerza el humo del cigarro, daban tragos más largos a la bebida o apretaban los puños y los enterraban entre las piernas.

-¿Querían algo los señores?-preguntó el camarero con las manos enlazadas a la espalda e inclinándose levemente para escuchar mejor.

-No, gracias. El juego de la seducción de momento me tiene completamente saciado.

lunes, 17 de enero de 2011

Tocando fondo...otra vez

Lo bueno de tocar fondo es que en determinado momento todo deja de doler. Es algo similar a entrar en shock. Todo tu cuerpo se paraliza, los sentidos se embotan, tu cabeza deja de dar vueltas y vueltas, hay unos segundos de tranquilidad. Pero es una tranquilidad amarga. No da paz, solo apatía. El número de emociones y expresiones se reduce al límite, solo puedes...respirar.

En ese momento te pueden decir cualquier cosa, tú tan solo asentirás levemente y tratarás de asimilar algo que en realidad ni siquiera te pararás a pensar.

En realidad lo difícil no es caer. Se hace por pura gravedad. No, lo realmente duro es volver a la superficie. Tienes que elegir a que aferrarte para subir de nuevo y tal vez te topes con una parte de la pared que se desploma. Pero supongo que más que nada la dificultad está en subir, con todo el esfuerzo que ello conlleva, y no sentir deseos de dejarse caer de nuevo y dejar de sentir de nuevo.

Todos queremos pasión e intensidad. De hecho, ese es el motivo de que nos cautiven las historias. Pero a veces sientes esa necesidad de parar. De pedirle al mundo que deje de girar, que te deje descansar pero que no te deje atrás.

Lo más curioso es que no hace tanto estaba en la cima. Tal vez haya estado allí una buena temporada, pero lo he sentido tan efímero...Me cautiva la velocidad con la que he caído de nuevo en una continuación de catastróficas desdichas. Te planteas si merece la pena una vida llena de escaladas para acabar rozando la cima y cayendo de nuevo. Sin duda lo duro no es caer, si no tener que volver a la cima.

Al menos voy aprendiendo. La fatalidad está impuesta. Solo puedes aceptarla.

jueves, 6 de enero de 2011

Despedidas

Paseaba por la calle. Sentía el frío seco y punzante de esta ciudad clavándose en mis pies, en los dedos de las manos, en la nariz. Respiré y exhalé todo el aire que mis pulmones pudieron abarcar. El vaho nubló mi visión unos segundos, y por un momento perdí mi orientación. Entonces lo vi ante mí. Caminé unos cuantos pasos esperando salvar la distancia que me separaba de aquella escena, pero mis pies toparon con un cristal que marcaba la distancia entre mi vida presente y la que había dejado atrás. Apoyé las manos en el cristal y las huellas de mis dedos quedaron marcadas.

Al otro lado veía personas que continuaban con sus vidas como si yo nunca hubiera estado allí. Ninguna mirada perdida preguntándose por mi ausencia. Ninguna muestra de nostalgia, miedo o preocupación. Los recuerdos de las vivencias compartidas se habían esfumado con el primer cigarro de la mañana. Se habían ahogado en el café. Se habían dejado olvidadas en casa, en el autobús,...en algún lugar del que rara vez se recuperarían.

Golpeé el cristal, pero nadie me escuchó. Grité y mi voz se ahogó en el espacio que nos dividía. Pensé en todas las promesas rotas en aquel momento y mis ojos se llenaron de un odio visceral. Pero, ¿de qué servía lamentarse? ¿Acaso no había propiciado yo misma aquella situación?

Tomé mi decisión y a los demás les tocó elegir con que parte de los restos del pasado quedarse. Eligieron lo lógico, supongo. Yo llegué la última, me toca irme la primera. No es que no vaya a aceptarlo, porque sabía que el desenlace solo podía ser este, pero no por eso duele menos.

Aparté mis manos del cristal y dejé de contemplar su alegre parloteo. Me dí media vuelta y ajusté la capucha sobre mi cabeza para protegerla del frío cortante. Con las manos en los bolsillos continué alejándome mientras la pena se desprendía con cada paso. Al menos la dureza tiene un lado bueno.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

contemplando el mar por la noche...

Me sentaba a la orilla del mar. La arena estaba fría y la brisa agitaba mi cabello con brusquedad. Cuando observas el mar por la noche no distingues el horizonte. Nada te indica en qué punto acaba el mar. Es una inmensa oscuridad que rompen las olas con sus finas hebras blancas de espuma. El sonido es cíclico, amortiguado, envolvente. Tan solo olas y olas que rompen cada tres segundos. Desde luego contemplar el mar por la noche es cautivador, o al menos ese fue el astuto pensamiento que cruzó mi cabeza mientras la inclinaba para beber un trago más de cerveza.
Seguramente a pocos metros la gente se preguntara por qué me había alejado. Y luego dicen que yo me rallo… ¿Tan raro es preferir estar solo que acompañado a veces? De los millones de personas que hay en el mundo, es imposible que prefiera estar con la mayoría de ellos antes que conmigo misma. No es egocentrismo, es una realidad. La persona más importante en mi vida, la persona con la que estaré siempre, soy yo. Independientemente de que conozca al jodido amor de mi vida o de que tenga hijos, soy yo la persona que escucharé en mi cabeza, que llevará el rumbo de mi vida.
Dicen que las culturas occidentales son individualistas. Gilipolleces, pensé mientras bebía de nuevo. En realidad nunca hemos estado más jodidamente acojonados por estar solos e incomprendidos. Sí, en otras épocas la gente se casaba joven. Pero porque querían huir de casa, ver mundo. Ahora que podemos hacerlo con libertad, nos creamos nuestras propias barreras. Vivimos acojonados por quedarnos solos, y yo creo que es porque todos tenemos miedo de quedarnos con nosotros mismos. Somos como ese amigo de tu amigo con el que nunca hablas, pero un día te dejan solo con él y te ves obligado a sacar un tema de conversación mientras no dejas de agobiarte, pensando cuándo se acabará esa tortura.
En fin, que empiezo a irme por las ramas. El caso es que nadie quiere estar solo. Prefiere una mierda de compañía monótona y superficial que reírse internamente de las memeces que hace la gente para ser aceptada. Entonces conoces a alguien como tú. Cuando te ocurre algo así el vínculo es casi inmediato, ¿sabes? Ves un brillo de reconocimiento en sus ojos y a partir de ahí caes en la trampa. Ya no puedes evitar buscar más gente como tú. Es absurdo. Si tienes unos pantalones que te gustan no corres a comprarte otros. Ya tienes tus pantalones. Ya te tienes a ti. Volví a beber y miré la botella casi vacía de cerveza. Empezaba a rallarme demasiado y no sabía si el alcohol hablaba por mí o yo a través de él. Ya ves, cosas que pasan.
Pero yo me sigo preguntando por qué buscamos gente. Aunque ha quedado claro que el nivel de conformismo con respecto a la compañía cambia, todos buscamos nuestro maldito círculo de confianza. Menos yo, que estoy aquí mirando el mar. Me reiría pero si ya deben estar chismorreando, imagínate si ven que me río sola. Menuda locura y menuda loca estaría yo hecha. Me dan ganas de gritar: ¡Sí! Me tengo que entretener a mí misma porque me aburrís soberanamente, ¿algún problema?
Dios, tengo que dejar el alcohol. Esto de imaginar discursos baratos en mi cabeza comienza a ser problemático. Aunque quizá me acerque a ver si pillo otra cerveza. Me arriesgaré a que alguien me pregunte con increíble originalidad qué estudio para acabar preguntándome si conozco a su antiguo compañero de clase que ahora, curiosamente, ¡estudia lo mismo que yo! ¿No es una extraordinaria coincidencia? Joder…con lo a gusto que estaba yo mirando el mar…